Clínica Dental San Pedro, nuestra historia....

Me llamo Juan Carlos Fernández. Con Carmen Castillo llevo treinta y cuatro años casado y treinta y tres trabajando. Esta clínica la montamos los dos y aquí seguimos los dos.

Te cuento cómo llegamos hasta aquí, porque es lo que explica cómo trabajamos.

Empezamos en un pueblo

Nuestra primera consulta la abrimos el 10 de agosto de 1993, en San Xulián. Carmen se había licenciado en Odontología cinco años antes. Yo me ocupaba de todo lo que no era el sillón.

En el 97 abrimos una segunda en Taramundi, ya en Asturias. Durante un tiempo la rutina fue esa: una clínica por la mañana, el coche, y la otra por la tarde.

En el 98 nos vinimos a Lugo capital, a la calle San Pedro. De ahí viene el nombre, y por eso no lo hemos tocado nunca aunque llevemos desde 2002 en otra calle. Todavía hay pacientes que nos conocieron entonces y nos siguen llamando así.

Una cosa que no hicimos nunca fue mirar cómo lo hacían los de al lado.

«Yo no fui a ninguna clínica para ver cómo están. Yo monté mi negocio con mi esposa.»

El local lo compramos para no tener que movernos más

El 2 de septiembre de 2002 compramos este local, un piso con entresuelo en Rúa Círculo das Artes 18. Podríamos haber seguido de alquiler y salía más barato ese año. Compramos porque queríamos quedarnos.

Ahí llevamos veinticuatro años, en la misma dirección y con el mismo nombre.

Eso tiene una consecuencia práctica que a lo mejor no se ve a primera vista. Cuando alguien empieza aquí una ortodoncia de dos años, o se pone un implante que hay que revisar cada seis meses durante el resto de su vida, lo que necesita saber es si dentro de dos años vamos a seguir aquí y si le va a atender la misma persona. Nosotros podemos contestar a las dos preguntas.

Tu Dentista en Lugo

Lo que no hemos cambiado en treinta y tres años

Con el laboratorio protésico Valentín, que está aquí en Lugo, trabajamos desde 1998. Nunca hemos cambiado de protésico.

«Llevo treinta y cuatro años casado con mi mujer y llevo desde el año 98 con el laboratorio. Si me funciona bien, no lo cambio.»

Con los implantes igual. Ponemos BTI, que es de las marcas más caras que hay, y no hemos ido buscando otra más barata.

Y tenemos una libreta. Ahí voy apuntando de qué me habla cada paciente mientras espera: el coche que se acaba de comprar, la boda de la hija, la operación de su madre. Seis meses después vuelve a la revisión y le pregunto por aquello. No lo hago por técnica comercial. Lo hago porque a esa gente la conozco desde hace veinte años y me parecería raro no acordarme.

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